martes, 6 de abril de 2010

Tardes de hule

Antes escribía textos sin mucho sentido en una libreta con tapas de hule, que pretendían ser fragmentos que acabaría incorporando a una gran novela, que seguramente nunca acabaré de escribir. Cosas como: “El cuarto se sumía en una blanda penumbra y la luz de la ventana retornaba hacia el polo opuesto de la tierra, como una promesa que hubiera traspasado un confín prohibido”; o: “En la luz de la tarde se mezclaba el polvo de la luna”; o: “Aquel verano llovió copiosamente. Brotaron malvas azules en las piedras y las tormentas erosionaron tanto las fachadas que al apoyarse en el alféizar de sus ventanas los moradores caían desplomados”.
Ahora facturo posts, blogs, emails y microficciones, y soy más moderno. Me apunto al facebook y navego por las aguas de una matriz pixelada sin enterarme muy bien dónde estoy y qué coño significa todo esto.
Creo que echo de menos las tardes de hule. Tardes en las que escribía citas minúsculas en pequeñas hojas cuadriculadas. Me da igual que suene a nostalgia de mesa camilla o de flores de almidón. Me asomo a la ventana y veo a una joven madre con gafas negras fumando nerviosa mientras su crío corre enloquecido entre unos setos mal podados. Está sola. Seguramente, cuando llegue a casa, mientras el vástago se queda hipnotizado frente a la playstation, la madre joven y distraída se conecte a Internet para bucear en la nada. Apuesto a que tiene unos ojos hermosos. Se ha levantado un poco de viento y entre las hojas imaginarias de mi libreta de hule intento imaginar una cita sólo para ella.

3 comentarios:

  1. Eres muy generoso, Nacho...a ver cuándo sé algo de tu vida! Un abrazo

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  2. Me ha gustado. Pero casi siempre me gusta.

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